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Camilo Cienfuegos

Resumen: Es obvio reconocer que no existe una definicion acabada de los valores en estos momentos; por lo que tampoco existe una absolutizacion en su ensenaza...

Publicación enviada por Lic. Carlos Lázaro García Salazar




 


Referentes teórico-metodológicos que sustentan la propuesta de un sistema de actividades educativas para el desarrollo del valor moral solidaridad en la SUM “Juan Gualberto Gómez” del municipio Martí.
Ernesto´´Che´´ Guevara, a través de toda su obra, siempre expresó los valores que deben estar siempre presentes en un joven revolucionario; tales como la justicia, la laboriosidad, la sinceridad, la honestidad, la solidaridad, entre otros. Precisamente, éste autor hace una exposición de algunos de los referentes teóricos sobre la conceptualización así como del trabajo formativo que debe realizarse en la formación superior y en especial en las sedes municipales; desde una posición marxista-leninista, que le permitieron elaborar una propuesta de un sistema de actividades educativas para el desarrollo del valor solidaridad en los estudiantes de la SUM ´´Juan Gualberto Gómez del municipio Martí.

1.1-Conceptualización de los valores como referente teórico a considerar.
Es obvio reconocer que no existe una definición acabada de los valores en estos momentos; por lo que tampoco existe una absolutización en su enseñaza. Se realizan investigaciones en todo el mundo al respecto, incluyendo a Cuba donde todos los centros de altos estudios del país están inmersos en este sentido. Diversas han sido las ciencias que han pronunciado en torno al concepto de valor , ponderando una dimensión de acuerdo con su objeto de estudio, por lo que para la Psicología, el valor se aborda como el elemento estructural de la personalidad; mientras que para la Sociología el valor se concibe como componente del sistema social y cultural.,para la Filosofía, independientemente de los diferentes enfoques, lo analiza a partir de su significado para el hombre o la sociedad en su vínculo con las necesidades en intereses, es decir, como la significación social positiva que adquieren los fenómenos de la realidad.( Concepción Romero(1999).

Los valores, desde el punto de vista psicopedagógico, son aquellas cualidades de la personalidad que permiten la autorregulación de la conducta del sujeto en una dimensión ético-moral, es decir, son características personales que orientan al sujeto a actuar de acuerdo con las normas morales, éticas e ideo-políticas de la sociedad cubana de hoy. Son cualidades que expresan actitudes personales y sociales valiosas aceptadas en las relaciones con las demás personas y un compromiso político-ideológico. Entre esos valores están la honestidad, la honradez, la solidaridad, el colectivismo el patriotismo y la solidaridad. Este es un plano de análisis preponderantemente inductivo de la personalidad que compromete más a los motivos, las necesidades, los sentimientos y las emociones del sujeto. (Ortiz Torres Emilio2000)

Sobre el concepto de valor, José R. Fabelo, ha expresado ´´es la realidad humanizada con significación positiva para el hombre. Es la significación socialmente positiva que adquieren los objetos y fenómenos de la realidad al ser incluidos en el proceso de la actividad práctica humana. (Fabelo, 1989: 43).Mientras que Giniebra plantea que los valores son ideas y representaciones de la realidad, construidos a partir de un complejo proceso de elaboración personal, donde se manifiesta el carácter activo del sujeto con sus potencialidades y recursos en desarrollo. (Ginebra: 2006:137).

Los valores al formar parte de la subjetividad, orienta y regulan el comportamiento. Como contenidos deseados, preferidos y apreciados, se convierten en motivos de actuación para el sujeto (Ibid).

Continua diciendo Giniebra que el valor es un motivo de la personalidad con significados socialmente valiosos, construidos de formas individualizadas por el sujeto, en su historia de interacción de la sociedad, que se convierte en importante regulador del comportamiento. (Op. Cit: 138).

Por su parte Felicito Barrera plantea: ´´El valor es una formación psicológica de la personalidad predominantemente inductora, que expresa el grado de importancia, significación o sentido personal consciente que adquieren para el individuo los objetos y fenómenos de la realidad en un contexto determinado, en dependencia de las posibilidades de satisfacción que éstas proporcionan por sus necesidades y que se manifiestan a través de las normas y especialmente en sus relaciones interpersonales para la convivencia con los demás miembros de la sociedad.(Barrera. 1999: 50).

Se encuentra a su vez que para Arce Martínez el valor es ‘’ese algo’’ que permite que ‘’un objeto’’sea apreciado, apetecido, aprobado porque ha provocado y provoca en el ‘’sujeto’’, un sentimiento a fin que le induce actuar de cierta manera en la realización de los fines que sea ha propuesto(Arce Martínez. S (1997).

Los valores son propiedades funcionales que adquieren los objetos y fenómenos de la realidad al ser incluidos a través de la práctica en el sistema de relaciones sociales. (Mendoza y Santos). Citado por Cañas. (2003:157).

En opinión de González, Palmira. ´´ Los valores tienen un contenido humano-general y también histórico-concreto. El primero expresa el contenido, dimensión o significado de objetos, procesos, fenómenos ideas, etc, independientemente de la época, tipo de sociedad y de actividad humana en la que se manifiesta. El carácter histórico-concreto nos habla de la peculiaridad de la manifestación del contenido humano-general, en correspondencia con el momento histórico, lugar y forma de actividad en que se desarrolle el sujeto´.´ (González, Palmira. Edith).

‘’ Los valores constituyen contenidos sociales, que son ponderados defendidos, apreciados, deseados ,buscados , considerados como importantes para toda la sociedad, una de ésta o grupos de individuos y que de hecho operan como reguladores del comportamiento del sujeto en la esfera de la actuación en cuestión’’( López Bombino, L: 1999). Citado por Ulloa, Tamayo y Perera. (2006:144).

Dacal, J. A, define al valor como un ‘’ bien derivado por la acción de las personas que se maniesta en actos y objetos’’ (Dacal: 1988: p. 14).
Escámez,J: expresa que los valores son ‘’convicciones personales, apreciadas en el contexto de que unos modos de vivir o de comportarse son preferibles a otros, opuestos o contradictorios’’Escámez. J: 1994, p, 62).

Sánchez, Noda considera los valores como ‘’cualidades a través de las cuales las fuerzas individuales, se elevan como fuerzas sociales, realizándose con ello lo individual’’ (Sánchez, Noda.R:1997).

Lamata, Comanda, R. expresa que: ‘’El concepto de valor presupone que un objeto, una acción, una situación un entramado de relaciones, de adscripciones, de niveles de importancia definido socialmente. Es una representación de una relación integral y coloca ese objeto, esa acción o sea, esa situación en determinado terreno que, históricamente, se ha llamado ‘’ideología’’ (Lamata, Comanda.R: 1996, 41)

Unigarro, M. A. en su análisis sobre el valor, puntualiza: ‘’ todo lo que favorece la plena realización del hombre como persona’’ (Citado por Ojalvo, Mitrany.V: 1997).
Para éste autor, a pesar de las múltiples concepciones que dan varios estudiosos sobre el concepto de los valores, se parcializa con todos, pues entiende que tienen de común las siguientes apreciaciones:

Los valores tienen como basamento la vida material y espiritual del sujeto en su interacción con el objeto, su existencia es subjetiva, por tanto, son reflejos, imágenes o representaciones en el celebro humano acerca del mundo que rodea atendiendo a sus intereses y necesidades y teniendo en cuenta el desarrollo social y el momento históricamente determinado que se desenvuelve el sujeto.

Vasco Montoya referirse a los valores señala: ‘’entiendo por éstos los principios que ordenan los juicios sobre la vida moral y las acciones que se devienen de ellos‘’ (Vasco Montoya E: 1996: p, 65).

¿Qué se entiende por valores morales?
Los valores morales son aquellos valores que perfeccionan al hombre en lo más íntimamente humano, haciéndolo más humano, con mayor calidad como persona. Son principios que ordenan los juicios sobre la vida moral y las acciones que se devienen de ellos. Dicho de otra forma, los valores morales es todo aquello que favorece la plena realización del hombre como persona. También se definen los valores morales como aquellas cualidades a través de las cuales las fuerzas individuales, se elevan como fuerzas sociales, realizándose con ello lo individual.

Los valores morales surgen primordialmente en el individuo por influjo y en el seno de la familia, y son valores como el respeto, la tolerancia, la honestidad, la lealtad, el trabajo, la solidaridad, etc.

Para que se dé esta transmisión de valores son de vital importancia la calidad de las relaciones con las personas significativas en su vida, sus padres, hermanos, parientes y posteriormente amigos y maestros.

Chacón al referirse a los valores morales, expresa: ‘’Refleja la significación social positiva en contraposición al mal, de un fenómeno(hecho, acto de conducta, actitud) que con un carácter valorativo-normativo, a nivel de la conciencia moral( social-individual) y en forma de principios, normas, representaciones morales, etc. Orienta la actitud y la conducta del hombre hacia el progreso-moral, a la elevación del humanismo y al perfeccionamiento humano’’ (Chacón: 2002) Citado por Cañas (Op.cit.159).

En la psicología de orientación marxista, la formación moral se ha definido como un proceso orientado a la formación de la dirección moral de la personalidad, que tiene como base la actividad dirigida a ese fin y organizada de tal forma que conlleve la aparición de la orientación moral de la conciencia y la conducta del individuo. Concibe el desarrollo moral como un proceso de interiorización de las normas y reglas morales a partir de lo cual ocurre la formación de determinadas “instancias morales internas” que regulan la conducta del sujeto.

El desarrollo moral se pone pues en función de la formación de la conciencia, como la formación y consolidación de la adecuada relación entre significados y sentidos, surgidos en las relaciones sociales específicas.

La formación moral se entiende de forma óptima a partir de una adecuada organización de la vida escolar, de todo el sistema de influencias específicas que se ejercen sobre los educandos, de sus actividades y relaciones comunicativas. Asimismo, se requiere de los alumnos que adopten una actitud activa de sujetos ante su propia formación y no meramente de objetos de influencias externas. Ser sujeto implica que el hombre sea formador de sí mismo y de los demás.

En fin, la formación moral de la persona representa la conciencia de la solidaridad por la conducta hacia los demás que se realiza en el marco institucional de la escuela y se orienta al logro de los objetivos formativos e instructivos propuestos. (Ramos Serpa: 1998).

Atendiendo al tema escogido por el autor de ésta tesis y en correspondencia con la importancia y necesidad actual en este mundo convulso, su trabajo está dirigido al desarrollo del valor moral solidaridad. Por lo tanto;

¿Qué se entiende por el valor moral solidaridad?
Primeramente es necesario conocer el concepto en su grado gramatical concebido por algunos diccionarios de la lengua española:
Solidaridad significa adhesión circunstancial a la causa, empresa u opinión de otro. (Diccionario de la lengua española y de nombres propios. Océano Práctico. Barcelona. España).

Solidaridad: Manifestación emotiva de la solidaridad, por la cual una persona se siente vinculada al resto de la humanidad. (Grijalbo. Gran Diccionario Enciclopédico Ilustrado. Barcelona. España).

Solidaridad, es comprometerse en idea y acción con el bienestar de los otros: en la familia, la escuela, los colectivos laborales, la nación y hacia otros países; es estar siempre atento a toda la masa humana que lo rodea.

Parafraseando al comandante en jefe, Fidel Castro Rúz, la solidaridad no es dar lo que nos sobra, sino compartir lo que tenemos.

Desde el punto de vista psicológico, la solidaridad es una actitud y un comportamiento. Es una forma de conducta cuando se concretiza en acciones. La solidaridad como valor moral constituye un modo de actuar colectivamente teniendo en cuenta al prójimo, anteponiendo los intereses sociales a los individuales, sintiéndose solidario por todos los procesos, brindando ayuda desinteresada a los que la necesiten.

La solidaridad se define como la colaboración mutua en las personas, como aquel sentimiento que mantiene a las personas unidas en todo momento, sobre todo, cuando se vivencian experiencias difíciles de las que no resulta fácil salir.

La solidaridad implica sentirse afectado por las necesidades de los otros como si fueran propias, la solidaridad se manifiesta en toda la humanidad, hacia quienes sufren discriminación xenofólica, hambre, sida, adiciones abusos y guerras. Por tanto, la solidaridad se manifiesta en reconocer el bien común, el sentido de vida exitosa para todos.

La solidaridad como modo operacional, es trabajar a favor del grupo, del colectivo, de la sociedad, en fin, de la humanidad. Es olvidar el propio bienestar individual, es dar la vida al comportamiento solidario, es respeto a favor del bien común. El comportamiento solidario no es participar en todo, es apoyar o iniciar el bien común.

La solidaridad dentro de la familia esta representada por superar la individualidad y ver el bien en toda la familia, comprender a todos sin faltar nunca al deber individual, apoyando a los demás miembros a ser mejores. Solidaridad es valorar lo que los demás hagan por el bien común, por muy pequeño que éste sea.

La solidaridad constituye un modo de actuar colectivamente teniendo en cuenta al prójimo, anteponiendo los intereses sociales a los individuales, sintiéndose solidario por todos los procesos, brindando ayuda desinteresada a los que la necesiten.

Solidaridad es identificarse con las causas justas y defenderlas; estar dispuesto a realizar acciones internacionalistas dentro y fuera del país, incluso al precio de elevados sacrificios materiales y espirituales. Contribuir desde lo individual, al cumplimiento de las tareas colectivas. Socializar los resultados del trabajo y el estudio. Participar activamente en la solución de los problemas del grupo y la comunidad. Promover actitudes colectivas, de austeridad y modestia. Fortalecer el espíritu de colaboración y de trabajo en equipo. Desarrollar la consulta colectiva, el diálogo y el debate para la identificación de los problemas y la unidad de acción en la selección de posibles alternativas de solución.

En opinión de éste autor, el modo operacional solidariamente está reflejado en la formación del sujeto desde la cuna, es decir, dentro de la familia que constituye la socialización primaria; donde la cooperación o solidaridad entre los padres y entre los demás miembros de la familia, va creando en el niño la conciencia de colaboración con los demás sujetos de su alrededor (vecinos, niños de la localidad, se integrará a los CDR o FMC, etc.). Todo esto facilita la interiorización de convicciones que marcaran su modo de actuar dentro del colectivo escolar, en su vida profesional y social elevándole la moral solidaria a un plano superior, al comprender el sujeto de la necesidad de brindar su ayuda desinteresada a otros pueblos o países que lo requieran.

1.2-El contexto universitario universalizado, y, el trabajo formativo para el desarrollo del valor moral solidaridad.
El enfoque integral forma parte del paradigma educativo social humanista de las universidades cubanas en la formación de profesionales en una cultura general integral, donde los valores se erigen en rectores de la formación de la personalidad, de ahí que el proceso de enseñanza aprendizaje constituya la vía más eficaz para la formación axiológica de los estudiantes, durante su diseño y realización se propiciará un papel activo del profesor y la dedicación de este en la planificación, organización y ejecución de las actividades docentes, extensionistas y socio-políticas que tributan al proyecto educativo, donde los estudiantes son actores fundamentales del proceso de aprendizaje ético. La formación ética forma parte del sistema de aprendizaje axiológico, el diseño del modelo de las carreras, identifica los valores éticos que caracterizan el modo de actuación profesional, en cada una de las direcciones de la formación axiológica que caracterizan el enfoque integral; dígase la formación ético-moral, y la formación ideo-política.

El proceso docente educativo, Álvarez de Zayas lo define, como “el proceso formativo escolar que de modo más sistémico se dirige a la formación social de las nuevas generaciones y en él, el estudiante se instruye, desarrolla y educa”. (Álvarez, C. M.; 1999: 21) Según la definición anterior el proceso docente educativo, como parte del proceso formativo en general, posee al igual que éste, las dimensiones y funciones: instructiva, desarrolladora y educativa, a través de las cuales es posible satisfacer el encargo social.

La necesidad de fortalecer la formación axiológica de los estudiantes, exige de una cuidadosa selección y acertada utilización de los métodos a emplear, para desarrollar la labor educativa dirigida a la formación de valores, los que constituyen un poderoso instrumento para ejercer influencia sobre la conciencia, los sentimientos, las actitudes y las conductas de los estudiantes en el plano individual y grupal por lo es necesario perfeccionar constantemente el trabajo en busca de nuevas vías y alternativas que permitan incrementar la creatividad del profesor en el cumplimiento de ésta tarea; Felicito Barreras declara los requisitos para tal fin, los que se han tenido en cuenta en esta investigación; tales como:

• Es necesario educar en los estudiantes la capacidad valorativa si se quiere lograr que realice valoraciones objetivas de forma independiente.

• Los valores sólo pueden educarse a través de la actividad del sujeto. De ahí la necesidad de su incorporación a actividades sistemáticas y cotidianas, explotando al máximo las posibilidades que para ello brindan el proceso de enseñanza - aprendizaje. Solo puede trabajarse la formación en valores partiendo de las necesidades del individuo. En este sentido los valores a educar deben relacionarse con algo significativo para él, o crearle precisamente la necesidad, o sea, la formación en valores debe relacionarse con lo cotidiano e individual del estudiante para que llegue a tener efectividad.

• Al organizar actividades para la formación en valores debe tenerse en cuenta que pueden estar presentes conductas morales positivas, dignas a imitar, no obstante pueden aparecer, en el análisis, conductas negativas que los profesores atenderán de manera personalizada para evitar que se conviertan en un valor no deseado.

• Educar valores implica un sólido proceso de interiorización que incluye:
Lo cognitivo: Hay que explicar en que consiste el valor solidaridad, el estudiante debe conocer el modo de conductual “solidario” y su fundamentación, así como la significación social de dicho valor para que lo haga suyo.

Lo afectivo: Debe lograrse que el estudiante haga suyo el valor solidaridad, sienta el deseo de alcanzarlo, lograr que sienta emociones positivas cuando se comporta acorde al actuar solidariamente, garantizando que lo conocido adquiera significación positiva para él.

Lo volitivo: Implica la toma de decisión por el estudiante al asumir conscientemente el valor solidaridad y defenderlo con fuerza en todos los momentos de su vida social o profesional.

Lo conductual: Es necesario que se comporte en la práctica acorde al valor solidaridad, esta es la única forma de consolidarlo y hacerlo estable. Debe dársele la oportunidad de aplicar el valor en la realidad, en lo cotidiano y recompensarlo cuando lo hace bien o criticarlo cuando lo hace mal para que lo supere correctamente.

Es imprescindible mostrar la significación social que tiene el valor solidaridad, sin ello es muy difícil consolidarlo. Por su esencia tiene que ser educado en colectivo y enriquecido individualmente. Es importante que el docente conozca las características del grupo para lograr que este sea efectivo.

No se puede pretender formar todo al unísono, es necesario priorizar aquel que se quiera educar y dirigir las influencias en este sentido.

Es necesario diagnosticar en los estudiantes los valores que se quieren educar para ayudar al individuo alcanzar niveles superiores y a partir de ahí determinar las normas de conductas que se desea que los estudiantes posean, así como los contenidos que reflejan de manera adecuada la significación social de dichos valores, es decir, el modelo del "deber ser", que inducen al estudiante a las formas de comportamientos adecuados:

• Propiciar y contribuir a la unidad de influencias sobre el educando.
• Ser coordinador y orientador del resto de las influencias en especial la familia y la comunidad.
• Fomentar la unidad de acción del colectivo pedagógico, en el aula y escuela, así como con las organizaciones estudiantiles.

Durante el proceso de formación en valores es necesario que el profesor, entre otras características sea comunicativo: es decir conversar sobre temas diversos con sus estudiantes y saber escuchar las experiencias personales de estos. Así se lograra una comunicación centrada en el respeto mutuo, la confianza y autenticidad. (Barrera .1999:50)

Si se forma a los alumnos y a las alumnas de manera sistematizada e intencional para fomentar una escala de valores sociales y actitudes coherentes, basadas en la formación autónoma de la personalidad y con marcada atención a las experiencias de las diferentes sociedades iberoamericanas, se puede contribuir a lograr una ciudadanía más consciente y más activa socialmente, más adaptable y competitiva en un entorno social y económico cambiante, pero también más solidaria y justa ´´este reto está siendo encarado sin dilación, empleando los medios al alcance de la sabiduría acumulada, la capacidad científico-tecnológica de que se disponga y el capital humano que se ha formado´´(Ramos Serpa, R; 1998:41).

La universidad tiene en la formación de valores su prioridad más importante y en especial la formación superior, tiene la misión de formar a los hombres y mujeres en un paradigma social humanista para preservar las conquistas logradas. La universidad resulta un espacio cosmopolita para formar valores, por su capacidad para desarrollar un conjunto de procesos que promueven el desarrollo y la expansión espiritual. (Ídem: 1998:41).

La labor educativa en la enseñanza superior y en especial en las sedes universitarias municipales debe estar encaminada hacia el logro de rescatar los valores perdidos y eliminar aquellos antivalores que han resurgidos; pero si la formación en valores no está bien sustentada desde el punto de vista filosófico y ético, si no se define el tipo de hombre a formar y no se es consecuente con este objetivo general, se puede correr el riesgo de caer en posiciones extremas como el dogmatismo y el relativismo, ambas formas impiden formar personas capaces de pensar por sí misma, solidarios, solidarias y comprometidas. Por eso la elaboración de ´´un currículum concebido consecuentemente para contribuir al desarrollo integral debe generar la posibilidad de que cada alumno se torne en un agente social comprometido... la creación del currículum debe partirse de una profunda investigación de la realidad del país, de sus exigencias sociales, éticas y profesionales, de una sistemática autorreflexión y autoperfeccionamiento de la práctica profesional y académica.´´ (Ojalvo Mitrany (2004 ).

Los objetivos finales de la formación, trazados por la política de la Revolución Cubana dentro del currículum para la formación integral del nuevo hombre, solo a través de los contenidos específicos de cada asignatura, a la vez que los estudiantes se apropian de los conceptos, leyes, procesos, y habilidades de la ciencia de que se trate, se podrán alcanzar. Esos objetivos planteados por la formación institucionalizada, constituye el elemento orientador de todo acto didáctico y la modelación del resultado esperado, sin desconocer el proceso para llegar a este. “Los objetivos se deben enunciar en función del estudiante, de lo que éste debe ser capaz de lograr en términos de aprendizaje, de sus formas de pensar y de sentir y de la formación de acciones valorativas. Sus elementos constitutivos son: las habilidades a lograr, los conocimientos, las acciones valorativas y las condiciones en que ocurra la apropiación”, elementos imprescindibles para el éxito del proceso formativo. (Zilberstein, J.; Portela, R.; Macpherson, M., 1999; 11), por lo tanto la participación de los estudiantes en la selección, adecuación y aprobación de los objetivos, desempeña un papel fundamental para el desarrollo moral de ellos mismos, permitiéndole alcanzar logros, no sólo en el plano cognitivo, sino de carácter formativo, en su formación como profesionales. “El profesor debe prever durante el proceso de enseñanza-aprendizaje que los objetivos formulados sean comprensibles a los estudiantes, que estimulen su autodesarrollo, sus motivos e intereses, lo que es factible cuando se vinculan a la actividad profesional. También deben ser alcanzables y evaluables, en este caso, no sólo por el docente sino fundamentalmente por el propio estudiante, lo que le permitirá la retroalimentación necesaria”. . (Castellanos, A. V. et al., 2003: 131).

Es importante que el docente tenga muy en cuenta que los objetivos propuesto alcanzar en la formación de los estudiantes, se vinculen con los objetivos de la profesión y sus aspectos éticos; trabajándolos de manera flexible, considerando la conveniencia de que los estudiantes puedan incluir nuevos temas vinculados a la profesión, en función de sus intereses, estimula la motivación hacia el estudio de la carrera y sus problemáticas tanto técnicas, como científicas y éticas, desarrollando así su sentido de pertenencia y sensibilidad hacia la profesión. (Castellanos, A. V….et al.; 2003: 133)

“El contenido responde a las preguntas, qué es lo que deberá aprender el estudiante, qué aspectos deberán ser atendidos para su formación y qué exigencias deberán tenerse en cuenta para estimular su desarrollo. Como puede apreciarse, el contenido abarcará exigencias para la instrucción, la formación y el desarrollo”. (Silvestre, M.; 2000: 46) Se concuerda con Zilberstein J. cuando plantea que el contenido está formado por “los conocimientos, habilidades, hábitos, métodos de las ciencias, normas de relación con el mundo y valores que responden a un medio socio-histórico concreto”. (Zilberstein, J.; 2004: 25)

En opinión de Castellano, A. V, la tarea docente definida como “el objetivo que se le propone al estudiante en condiciones dadas, lo que significa, el problema, la situación, la búsqueda de información, acciones concretas a las cuales se debe enfrentar el estudiante y a las cuales debe dar soluciones”, permite en su ejecución, que sean trabajados los distintos indicadores que contribuyen al desarrollo de los valores. (Ídem: 134)

Por lo que continua diciendo: “El profesor debe meditar profundamente acerca de la naturaleza de las tareas a desarrollar y los requisitos que deben cumplir para favorecer el desarrollo de valores en los estudiantes, lo cual requiere de una planificación consecuente, no obstante, debe prever la posibilidad de cambios, a partir de los criterios de los estudiantes, por lo que no debe presentarles las tareas como algo acabado, sino como una propuesta para promover su participación y compromiso con su cumplimiento”. (Ibíd.)

La formación ético-moral de los estudiantes, obliga al docente a seleccionar acertadamente los métodos y procedimientos que le permita el logro de una eficaz labor educativa en la formación de valores en cada uno de los estudiantes y en el colectivo o grupo.

En la utilización de los métodos dirigidos a influenciar en la conciencia de los estudiantes, por el docente, tiene que estar implícito lo cognitivo, donde el conocimiento adquirido por el estudiante, le permita a éste actuar conciente en una determinada dirección. Mediante la persuasión es posible ejercer una influencia directa sobre la conciencia, los sentimientos y la voluntad de los estudiantes, utilizando explicaciones y argumentos convincentes, objetivos y creíbles en el análisis de las normas y reglas de conducta a seguir en cada momento. (Ibíd.)

Los métodos dirigidos a la actividad se encuentran relacionados con la participación consciente, activa y reflexiva de los estudiantes en las tareas a realizar, experimentando emoción y satisfacción por su ejecución como resultado de la necesidad interna que sienten de realizarlas. En estos predomina el componente afectivo-motivacional y volitivo, lo que exige un dominio exacto de las posibilidades y potencialidades de cada estudiante por el profesor, con el objetivo de lograr adecuados niveles de motivación. (Ibíd.)

La valoración a través de los métodos educativos, buscan que los estudiantes tengan la posibilidad de comparar lo que hacen con el modelo correcto propuesto, tanto en las tareas individuales como en las colectivas. Permite analizar crítica y autocráticamente las diferentes situaciones presentadas por el profesor, incluyendo la necesaria valoración de la conducta, dejando siempre abierta la posibilidad de cambio y la confianza de que se puede lograr.

Es de gran importancia que sean los propios estudiantes los que analicen las causas o manifestaciones de las conductas adecuadas o inadecuadas, proponiendo las vías para ayudar a los que lo requieran. Al ser estimulado o sancionado un estudiante o varios de ellos, el profesor, velará por que no se produzca en el grupo una división de los estudiantes en buenos y malos, sino por el contrario, empleará el método con el suficiente tacto pedagógico a los efectos de que todos se sientan bien y satisfechos con lo que hacen o deben hacer.

Con métodos y técnicas participativas entendidas como “las vías, procedimientos y medios sistematizados de organización y desarrollo de la actividad del grupo de estudiantes, sobre la base de concepciones no tradicionales de la enseñanza, con el fin de lograr el aprovechamiento óptimo de sus posibilidades cognoscitivas y afectivas”, potencia el enriquecimiento de las relaciones interpersonales, facilitando el conocimiento mutuo y estimulando la cooperación. Una estructuración adecuada de estos métodos implica un doble rol por parte del profesor, convirtiéndose éste en facilitador del proceso y dirigiéndolo a la vez, de acuerdo con los objetivos instructivos y educativos previstos según el programa de la asignatura. (Castellanos, A. V.; Ojalvo, V.; Viñas, G., 1995: 72)

Los métodos a utilizar por el docente, al ser seleccionados, es preciso tener presente que estos permitan: trabajar los contenidos, atendiendo a los objetivos a lograr, estimulen la reflexión e interacción en la ejecución de la tarea, la realización de las acciones a partir de las habilidades, intereses y necesidades de los estudiantes, potenciando su zona de desarrollo próximo, faciliten la ejecución de la tarea, propicien el vencimiento de obstáculos, la relación entre individualidad solidario y solidaridad colectiva, como exigencia de la tarea docente a realizar y el análisis crítico y autocrítico de las conductas no solidarios, estimulando la necesidad de autoperfeccionamiento. (Castellanos, A. V.et al., 2003: 137)

En el proceso de enseñanza-aprendizaje se establece una interacción profesor-estudiante y entre estudiante-estudiante, que constituye una vía eficaz para el desarrollo de una adecuada formación axiológica. La comunicación sistemática permite, además de transmitir los contenidos, conocer qué piensa el estudiante sobre sí mismo, cuáles son sus cuestionamientos y qué problemas de carácter objetivo o subjetivo pueden estar afectando su desempeño. Una relación comunicativa basada en el diálogo abierto y flexible y apoyado en el respeto mutuo, propicia que el estudiante se sienta solidario de su propio proceso de formación.

El método de simipresencialidad le exige a los estudiantes un alto nivel de independencia en la adquisición del conocimiento en las distintas disciplinas en la sede universitaria municipal, demanda de una estimulación sistemática al desarrollo y uso eficiente de estrategias de aprendizaje por los estudiantes. Se requiere de un aprendizaje estratégico, donde el estudiante sea capaz de proyectar y aplicar estrategias para asegurar un aprendizaje efectivo del contenido y de los valores presentes en ese aprendizaje.

En el proceso educativo actual, se utilizan diversos medios de enseñanza tradicionales, tales como el pizarrón, el libro y la lámina; hasta las técnicas más modernas de la informática que hacen posible el desarrollo de las distintas disciplinas en la sede universitaria municipal.

“La forma organizativa del trabajo docente es la estructuración de la actividad del profesor y de los estudiantes, con el fin de lograr de la manera más eficiente y eficaz el cumplimiento de los objetivos previstos en los planes y programas de estudio”. La clase, la consulta, la tutoría, la autopreparación de los estudiantes, el trabajo investigativo de los estudiantes y la práctica laboral, son las formas organizativas que intervienen en el proceso docente educativo. (Resolución No.210, 2007: 41)

“La clase es una de las formas organizativas del proceso docente educativo, que tiene como objetivos la adquisición de conocimientos, el desarrollo de habilidades y la formación de valores e intereses cognoscitivos y profesionales en los estudiantes, mediante la realización de actividades de carácter esencialmente académico. Las clases se clasifican sobre la base de los objetivos y sus tipos principales son: la conferencia, la clase práctica, el seminario, la clase encuentro, la práctica de laboratorio y el taller”. (Ibíd. 42)

La clase encuentro es el tipo de clase que establece el programa de la asignatura para la impartición de los contenidos en la modalidad semipresencial. Esta forma organizativa “…tiene como objetivos, aclarar las dudas correspondientes a los contenidos y actividades previamente estudiados por los estudiantes, debatir y ejercitar dichos contenidos y evaluar su cumplimiento, así como, explicar los aspectos esenciales del nuevo contenido y orientar con claridad y precisión el trabajo independiente que el estudiante debe realizar para alcanzar un adecuado dominio de los mismos”. (Ibíd., 43)

La consulta es la forma organizativa del proceso docente educativo que tiene como objetivo fundamental “… que los estudiantes reciban orientación pedagógica y científico-técnica, mediante indicaciones, orientaciones, aclaraciones y respuestas de los profesores a las preguntas formuladas, en relación con la autopreparación. Pueden realizarse de forma individual o colectiva, presencial o no presencial… y su frecuencia depende de las necesidades individuales y grupales de los estudiantes”. (Ídem: 49)

La realización sistemática de consultas individuales y grupales posibilita un mayor conocimiento del profesor acerca de los logros y deficiencias presentes en los estudiantes. El carácter de las preguntas formuladas por estos pone de manifiesto los conocimientos adquiridos durante el estudio independiente, el grado en que entienden y manejan el lenguaje de la asignatura, los aspectos a que prestaron mayor atención y los que no comprendieron durante el desarrollo de la clase encuentro y el nivel alcanzado en el dominio de adecuadas estrategias de aprendizaje, que les permitan enfrentar el estudio de cada tema.

“La tutoría es la forma organizativa que tiene como objetivo específico asesorar y guiar al estudiante durante sus estudios, para contribuir a su formación integral, realizando sistemáticamente acciones educativas personalizadas”. Constituye un proceso integrador de las influencias educativas que se establecen a partir de la asesoría académica e investigativa, los servicios especializados de orientación educativa al estudiante, el proceso de extensión universitaria, a través del vínculo laboral, con el entorno sociofamiliar y las múltiples manifestaciones de la cultura en el territorio. (Ibíd.)

Las acciones combinadas entre profesor-tutor-estudiantes-grupo, fortalece la labor educativa desde las distintas asignaturas y en todas las demás actividades, encaminadas a lograr la formación profesional de los estudiantes. El diseño y realización de actividades dirigidas a orientar al tutor, desde la preparación de la asignatura, en función de lograr el conocimiento por parte de éste, de los objetivos a vencer por cada estudiante, del sistema de conocimientos, habilidades y valores, del sistema de evaluación planificado, entre otros elementos, contribuye al éxito del proceso formativo en la asignatura.

Una vía fundamental para el aprendizaje de los contenidos que se orientan en las diferentes actividades presénciales, es la autopreparación garantizando la realización del trabajo independiente de los estudiantes, sin la presencia del profesor. “Tiene como objetivo el estudio de diferentes fuentes del conocimiento orientadas por el profesor, permitiéndole al estudiante prepararse para lograr un aprovechamiento adecuado en las distintas actividades docentes; así como, para realizar las diferentes evaluaciones previstas…” tanto de forma individual como colectiva. (Ídem: 48)

Una adecuada interiorización de los contenidos de las asignaturas, por parte de los estudiantes durante el desarrollo de su autopreparación, contribuye de forma directa a la formación de valores y de elevados niveles de preparación político-ideológica. A través de esta forma organizativa, los estudiantes asimilan contenidos valorados socialmente como positivos, los que influyen de manera decisiva en la formación de la personalidad y en el desarrollo de actitudes solidarios y solidarias ante el estudio y la vida. Lo expresado resulta fundamental en la formación de futuros profesionales, caracterizados por un elevado nivel de independencia personal, autoformación y sentido de la solidaridad.

Con la utilización de técnicas y métodos de investigación científicos, los estudiantes van creando hábitos y destrezas que le permiten “… formar las habilidades propias del trabajo técnico y científico investigativo, mediante la práctica laboral y utilizando la metodología de la investigación científica en el proceso de formación profesional. Contribuye al desarrollo de la iniciativa, la independencia cognoscitiva y la creatividad en los estudiantes”. Eso les permite también el desarrollo de habilidades para el uso eficiente y actualizado de las fuentes de información y de los métodos y técnicas de computación, en función de vincular los conocimientos que aportan las asignaturas en la búsqueda de soluciones a los problemas de la vida cotidiana, la esfera laboral o de la futura profesión que se estudia. (Ibíd., 46)

El trabajo investigativo extracurricular, sienta las bases para la realización de futuras investigaciones relacionadas con problemáticas afines a las diferentes esferas de actuación del profesional, empleando como basamento científico el método dialéctico-materialista; permitiéndole a los estudiantes, elevar la motivación para desarrollar en años venideros, las investigaciones previstas en el plan de estudio de las carreras y enriquece la participación en los grupos de trabajo científico estudiantiles y en los eventos científicos que desarrollan la sede universitaria municipal y la sede central.

Con una correcta orientación por parte del profesor, en la que se le preste atención a los objetivos propuestos para la formación del profesional y en la que se integren los componentes académico, investigativo y laboral, contribuye al éxito de la actividad investigativa del estudiante. Prepararlo para lograr una correcta búsqueda y selección de la información sobre la temática a investigar, es un elemento a tener presente en la orientación, donde es preciso esclarecer cuáles son los objetivos a lograr en la investigación y la necesaria correspondencia de ésta con los propósitos del proyecto social que emprende el país y el municipio en particular.

“La práctica laboral es la forma organizativa que tiene por objetivos, “propiciar un adecuado dominio de los modos de actuación que caracterizan la actividad profesional y, a la vez, al desarrollo de los valores que aseguran la formación de un profesional integral, apto para su desempeño futuro en la sociedad”. Contribuye al desarrollo de la conciencia laboral, disciplina y solidaridad en el trabajo, integrándose como un sistema a las actividades académicas e investigativas, de acuerdo con las particularidades de cada carrera. (Ibíd. 45)

Sin embargo, el abordar temáticas como: el papel del trabajo en la producción de bienes materiales para la sociedad, el vínculo entre la teoría y la práctica y la estrecha relación que éste guarda con el principio martiano de combinar el estudio con el trabajo, entre otros aspectos, integrados armónicamente desde lo académico, lo investigativo y lo laboral, contribuye al desarrollo de actitudes solidarios y solidarias, comprometidas ante el estudio y el trabajo, imprescindibles en los futuros egresados.

Como enunciado anteriormente, la evaluación como elemento regulador ofrece información sobre la calidad del proceso docente educativo, sobre la efectividad de sus componentes y las necesidades de ajustes y modificaciones. “Es orientadora, al docente y a los estudiantes, indica que se ha logrado, que aún falta, pero además permite distinguir cómo seguir desarrollando el proceso hacia mejores resultados”. El desarrollo de un proceso docente educativo desarrollador implica la incorporación de un enfoque evaluativo formativo, dirigido no al resultado final, sino a todo el proceso, donde resulta esencial la realización de un diagnóstico integral en el que se identifiquen los puntos de partida y potencialidades de cada estudiante . (Ginoris, O.; Addine, F.; Turcaz,J., 2006; 43)

“Uno de los efectos más relevantes de la evaluación sobre el aprendizaje, se refiere a su contribución en la formación de cualidades en los estudiantes, como la autonomía, la reflexión, la solidaridad ante sus decisiones, la crítica, que forman parte de los objetivos de la enseñanza universitaria. Para el logro de los mismos la evaluación debe devenir en momento de aprendizaje, fundamentalmente cuando se comparte, entre profesores y estudiantes, las metas, los procedimientos y los criterios de evaluación”. (González, M., /sa/: 78)

González M. ha expresado que para que la evaluación realmente contribuya a la formación de las cualidades de la personalidad mencionadas, es necesario: “clarificar, compartir o negociar las metas con el profesor, intercambiar y comprender las intenciones y los criterios de evaluación propuestos por los profesores o generados y discutidos por el grupo y cada estudiante”. Lo anterior, implica que a diferencia de lo que ocurre en la enseñanza tradicional, la evaluación no puede constituir un factor de amenaza o temor para el estudiante, sino una actividad cuyos objetivos son comprendidos y aceptados por este, estimulando la adopción de posturas solidarios ante su formación profesional y su autoperfeccionamiento. (Castellanos, A. V.et al., 2003: 139).

Por otra parte, el enfoque Histórico-Cultural desarrollado por Vigotsky y por sus continuadores, brinda un marco teórico-metodológico adecuado y coherente para la comprensión del desarrollo humano como un proceso de naturaleza histórico-concreto y de carácter dialéctico, sobre la base de un principio metodológico general: el estudio de lo psíquico de los procesos y cualidades psicológicas en el contexto de la estructura general de la personalidad y de la función que cumplen en el proceso de interacción del individuo con la realidad.(González Maura, V.(1999).

La etapa juvenil; etapa de transición bio-psico-social, donde aparece una nueva situación, determinada por el nacimiento de fuertes necesidades de autodeterminación e independencia, de afianzamiento de la necesidad de ocupar un lugar en la vida; así como de surgimiento de nuevas tendencias motivacionales que dan lugar a una peculiar posición interna del joven y que condiciona el tipo de relaciones que se establece entre éste y el mundo que lo rodea(Sanz Cabrera, Teresa, 1999), es decir, el joven crea su propia concepción del mundo como autoconciencia de la existencia vital del sujeto social a través del proceso de acumulación de experiencias y de relaciones con el medio natural y social, que se va conformando de modo estable en este periodo donde el pensamiento lógico experimenta cierta maduración como elemento de desarrollo intelectual, facilitando la capacidad de comprensión del contenido de diversas ramas de la ciencia y de interpretación de losas normas sociales, las relaciones espirituales, entre otras. Aparece aquí la ampliación, integración y jerarquización de la esfera motivacional, esto significa un mayor afianzamiento y estabilización de las motivaciones acorde con sus puntos de vista, valores, convicciciones aspiraciones y objetivos fundamentales hacia una proyección del futuro en la medida en que se plantea metas más lejanas en el tiempo, por lo que el grupo empieza a jugar un nuevo papel para el sujeto en formación, su participación es más activa dentro del colectivo y donde existe un mayor grado de dirección de sus propias actividades; así el sujeto se va integrando a diferentes organizaciones escolares y extraescolares. A través de éste principio se comprende el carácter de la autodeterminación como una función de nivel superior de la personalidad, de concebir al hombre como sujeto activo que llega a autodeterminarse, manteniendo una relativa autonomía con respecto al sistema de influencias externas a las que está sometido. A su ves, lo cognitivo esta relacionado activamente a la función reguladora de la personalidad a través de elaboraciones intelectuales de un sistema de significados o conceptos que forman parte fundamental de la esfera de los motivos y a su vez estas elaboraciones tienen en su base, necesidades y motivos fundamentales de la personalidad que conforman los sentidos personales que estas nociones tienen para el individuo. Ello significa que para que un valor regule la actuación no basta con que el sujeto conozca el contenido del valor sino que es necesario además que el sujeto sienta la necesidad de actuar en correspondencia con el referido valor. Solo así los valores existen en la subjetividad no como simples reproducciones de significados (reflejo cognitivo) ni tampoco como motivos aislados de actuación (reflejo afectivo), sino que constituyen complejas unidades funcionales cognitivo-afectivas a través de las cuales se produce la regulación de la actuación. El concepto de Situación Social de Desarrollo, planteado por Vigotsky y retomado por sus continuadores, apunta al hecho que el desarrollo psicológico no es un proceso espontánea, determinado unilateralmente bien por factores de carácter interno; biológico (psicoanálisis) o cognitivo (cognitivismo), bien por factores externos (conductismo), sino que es el resultado de la unidad dialéctica entre lo interno y lo externo, entre lo individual y lo social, pero en última instancia, determinado por lo social.( Acosta Morales, H). Esta concepción del desarrollo psíquico como unidad dialéctica de lo objetivo y lo subjetivo, de lo individual y lo social, de lo particular y lo general da la posibilidad de comprender el proceso de formación de valores como parte del desarrollo de la personalidad del individuo y explica el lugar que estos ocupan en la orientación y regulación del comportamiento del hombre en su relación con los demás. (Acosta Morales, H).

El principio del reflejo activo de la conciencia plantea que el hombre en el proceso de su desarrollo llega a autodeterminarse, en la medida que asume una posición activa en el propio proceso de su formación, manteniendo una relativa autonomía con respecto al mundo que lo rodea, fuente de su desarrollo. En este sentido plantea L. I Bozhovich (1976) que la tendencia general de desarrollo consiste en que el niño se transforma paulatinamente de un ser sometido a las influencias externas, en un sujeto capaz de actuar de forma independiente sobre la base de objetivos conscientemente planteados.

Este principio concibe el logro de la autonomía moral como un proceso complejo y paulatino, que no es privativo de etapas tardías del desarrollo como consideran la mayoría de los enfoques, sino que aparece de forma incipiente ya desde edades tempranas del desarrollo, alcanzando su nivel superior de expresión a finales de la edad juvenil.

Para el Fernando González Rey, los valores no son el resultado de una comprensión, de una información pasiva que se inyecta a la persona, "el valor se configura a través de la persona concreta que lo forma y desarrolla, es decir, la persona acrecienta el valor a través de su historia personal, a través de su experiencia y algo que es clave, a través de su propio lenguaje". (González Rey, F.; 1996:47).

En la ponencia que fue presentada por el José R. Fabelo Corzo con el título ´´La formación de valores en las nuevas generaciones´´, a la Audiencia Pública del Parlamento Cubano efectuada en 1995, señala que para poder realizar un trabajo exitoso en la formación de valores a través del método educativa hay que tener presente el papel que juegan, el plano objetivo, el subjetivo y el plano instituido de los valores.

En el plano objetivo se enmarca la significación social positiva de los objetos, fenómenos y procesos en la práctica socio-histórica. Enfatiza Fabelo que los valores desde este plano se entienden ´´como una parte constitutiva de la realidad social, como una relación de significación entre los distintos procesos acontecimientos de la vida social y las necesidades e intereses de la sociedad en su conjunta´´ (Fabelo; Op.Cit:51).

Los distintos resultados de la actividad humana, objetos, fenómenos y procesos, desempeñan un papel en la sociedad, favorece u obstaculizan el desarrollo social, constituyendo un valor positivo o un ´´valor´´ negativo o un antivalor. A esto Fabelo los llama objetivos y al conjunto de ellos, sistema de objetivos de valores; entendiendo su objetividad como objetividad social. El sistema de objetivo puede ser apreciado de una forma o de otra por una persona o por un grupo, pero su existencia es independiente de esa apreciación y a la vez es dinámico, cambia según cambian las condiciones histórica-concretas.

El plano subjetivo se refiere a la significación que adquieren los objetos, los fenómenos y los procesos para los sujetos concretos, de acuerdo con sus necesidades, intereses y fines. Dicho de otra manera, este plano se refiere a la forma en que el sistema de objetivos de valores es reflejado por la conciencia de las personas de forma individual o de forma colectiva. Cada sujeto social va a conformar su propio sistema de subjetivos de valores dependiendo de sus motivos, deseos, sentimientos, necesidades e intereses, etc. El sistema Subjetivo de valores puede o no coincidir con el sistema objetivo, en dependencia de que los intereses del sujeto o grupo social se correspondan con los de la sociedad en su conjunto

El plano instituido lo constituye el sistema de valores establecidos por la sociedad y que se convierten en normas de conductas necesarias para la convivencia en familia en una institución económica, educacional política o en toda la sociedad. De acuerdo con los intereses de quienes tienen el poder o la autoridad jurídica, política económica y moral. Este plano puede o no corresponderse con los otros dos antes mencionado.

Generalmente el sistema de valores instituido y oficialmente reconocido, se considera a sí mismo como universalmente valiosos, aunque a veces la realidad sea distinta, y en ocasiones se trata de imponer a otras culturas o estados.

Al proponer estos tres planos; Fabelo expone también la relación entre estas dimensiones.
• Los valores objetivos surgen como resultado de la objetividad de la subjetividad humana.
• Los valores subjetivos reciben por una parte la influencia de la subjetividad social y por otra, a través de la formación y otras vías, la acción de los valores instituidos.
• Los valores instituidos condicionan las subjetividades, influyendo en la creación de nuevos valores objetivos.

La orientación de valor está íntimamente vinculada con las principales necesidades y motivos del sujeto, conformando un sistema en el cual interactúan entre si, contribuyendo a desarrollar formaciones motivacionales importantes entre las que se destacan los ideales, la autovaloración, la concepción del mundo, el sentido de la vida, entre otros. Por ello resulta necesario tener en cuenta la relación de la orientación del valor con estas formaciones motivacionales que permiten conocer la base psicológica mediante la cual operan determinadas normas y exigencias sociales en la personalidad. En correspondencia, la orientación valorativa requiere del componente cognoscitivo pero no se reduce a él. El componente valorativo lo complementa, dando lugar al conocimiento valorativo en el cual está presente la carga subjetiva del individuo, de acuerdo a sus necesidades, intereses y motivaciones. El elemento valorativo del proceso incluye inevitablemente la actividad de la esfera motivacional

Es en el plano subjetivo del valor, donde se forma un proceso de valoración, de ahí la importancia de detenerse en el mismo; dada las potencialidades que brinda la labor educativa para alcanzar el modelo de hombre y profesional a que aspira la sociedad cubana actual. En este sentido éste autor afirma que en el proceso educativo adquiere una gran importancia, al tener presente la manera en que interviene la escala axiológica del maestro, de la sociedad a la que pertenece el estudiante y la de él mismo.

En la auto valoración como mecanismo regulador de la conducta del sujeto en el sistema de relaciones sociales, están basados el autocontrol, el autodominio, la autocorrección, la capacidad autocrítica y el autoperfeccionamiento’’. (Romero Pérez, Concepción L (1999). Como anteriormente se ha planteado, la práctica histórico-social constituye el fundamento de la actividad valorativa pero, el carácter social de esta actividad está dado no sólo por el lugar que ocupan los objetos socialmente significativos en el sistema de relaciones sociales, sino por la posición del propio sujeto en dicho sistema. De ahí se desprende la importancia del trabajo del profesor con el estudiante, de acuerdo con las características propias de la edad y sin desconocer las diferencias individuales, detectadas a través del diagnóstico y, así atender el papel que juegan las necesidades, intereses y fines en la valoración.

Los intereses por su parte, se deben a la toma de conciencia o interiorización de las necesidades que condicionan la valoración del sujeto sobre los fenómenos y procesos de la vida material; y entre fines y valoración se establece una relación dialéctica, en tanto el sujeto valora según sus fines y la valoración condiciona la realización de esos fines. De esto se deriva que la valoración como elemento formativo debe incluir el fomento de la capacidad autovalorativa que desempeña un papel activo en el desarrollo de la personalidad debido a que en dependencia de ella, el individuo interactúa con los demás. Su estudio contribuye a conocer las cualidades que los individuos se atribuyen a ellos mismos; permite determinar en qué medida éstas se relacionan con los valores objetivos y socialmente instituidos con las exigencias de su vida y con sus aspiraciones futuras, y permitir establecer la correspondencia entre la intención verbal y la conducta real. (Campo. Pág. 13). Dicho de otro modo, a tendiendo al momento histórico-concreto, las necesidades cambian y a su ves cambian las valoraciones para el sujeto; esto demuestra la jerarquización de las valoraciones en este proceso., sobre la valoración, se proyecta también Ramos Serpa cuando plantea que ”se trata de que tal reflejo puede corresponderse o no con la significación real y efectiva que el objeto posee, por lo que aprender a valorar acertadamente es uno de los procesos mas complejos que debe modelarse y lograrse en la formación profesional”. (Ibíd., 7) Sin dudas esta constituye la esencia de la actividad valorativa, la cual debe ser una tarea fundamental de los docentes de modo que el estudiante y futuro profesional sepa realizar sus valoraciones de acuerdo a la significación real del objeto a ser valorado. (Campos Rodriguez, J. A. (2008).

En la autovaloración como “mecanismo regulador de la conducta del sujeto en el sistema de relaciones sociales, están basados el autocontrol, el autodominio, la autocorrección, la capacidad autocrítica y el autoperfeccionamiento” (Unzueta; Molina; 1994) En consecuencia, alcanzar niveles superiores en la autovaloración contribuye a la autoformación mediante la cual el sujeto se orienta por objetivos establecidos conscientemente, y es capaz de valorar sus acciones y vivencias reconociendo en ellas sus éxitos y fracasos, lo cual sólo puede lograr a partir de un nivel elevado de autocrítica.

En la autovaloración lo cognitivo y lo afectivo conforman una unidad indisoluble, en la medida en que el conocimiento y la valoración se relacionan a través del autoanálisis en el que se refleja un conocimiento y una valoración afectiva.

La autovaloración en consecuencia puede ser adecuada o inadecuada, según refleje fiel o tergiversadamente las peculiaridades del sujeto, y en la medida de su nivel de adecuación, puede estimular o no su desarrollo.

Es necesario tener en cuenta la unidad entre el plano interno y externo en la actuación del hombre porque precisamente, es en el plano interno donde están presentes las reflexiones, y las vivencias, mientras que en el plano externo está presente la conducta por lo que no se puede considerar formado el valor cuando el sujeto es capaz de reflexionar a través de él y actuar contrario a dicho valor.

La esfera moral, como uno de los subsistemas de la personalidad, es abordada desde lo metodológico, a partir de principios y categorías fundamentales tales como:
El principio de la unidad de lo afectivo y lo cognitivo, indica que en tanto los valores son al mismo tiempo significados (reflejo de determinaciones y formas de relaciones) y sentidos (relación subjetiva entre lo que impulsa a actuar, o sea, las necesidades, motivos y los objetivos, lo cual orienta y regula el comportamiento).

La integración funcional de lo afectivo y lo cognitivo posibilita, desde el punto de vista metodológico, no solo comprender el nivel de desarrollo de los motivos que están en la base de los comportamientos morales (sentido del deber, evitación de la desaprobación, búsqueda de reconocimiento social, etc), sino que constituye un indicador efectivo del nivel de regulación en que operan los valores morales, integrados a todo el sistema de la personalidad, a través de sus particularidades cognitivas.

Sobre la base de la unidad de lo afectivo y lo cognitivo se utilizan técnicas cuya finalidad es explorar la actividad intelectual de los sujetos en estudio, es decir, el conocimiento y la valoración de contenidos morales, lo cual permite indagar en las necesidades y motivos que están en su base, así como revelar los indicadores funcionales del valor que se expresan en estos contenidos. Para ello se analiza el contenido de las expresiones valorativas del sujeto, el vínculo afectivo con estos contenidos, así como el grado de elaboración con que realiza los análisis de estos contenidos.

En este sentido Bozhovich planteó, que el conocimiento y la necesidad conforma una unidad en el proceso de regulación motivacional. Por una parte, la necesidad impulsa al individuo a conocer, a fundamentar sus propias conductas, y por otra, el conocimiento constituye una fuente de la cual surgen permanentemente nuevas necesidades. Bozhovich, L.I. (1987).

La riqueza y forma de estructuración de los contenidos expresados en las valoraciones morales que realiza el individuo posibilitan también, desde el punto de vista metodológico, una adecuada integración entre los aspectos estructurales y funcionales en el estudio de los valores, su nivel de desarrollo y la efectividad que estos tienen en la regulación de la conducta.

El enfoque metodológico sobre la base de este principio permite además, explorar en el individuo la relación entre lo particular y lo general, es decir, cómo se da en lo irrepetible de cada sujeto (lo particular), la regularidad (lo general), a partir de lo cual se puede constatar la tendencia de desarrollo de los valores, características para un momento determinado de su desarrollo.

El principio de la unidad entre estructura y función. Este principio, que está en la base de la concepción del enfoque histórico-cultural acerca de la conciencia y las leyes de su formación, conduce, desde el punto de vista metodológico, a abordar el estudio de los valores como formaciones psicológicas complejas, donde se integran en una estructura, contenidos psicológicos que se organizan de manera estable para expresarse en diferentes niveles funcionales.

La función refleja apunta hacia la dirección en que va encaminada la actuación del sujeto, en función del conocimiento que tenga del contenido del valor. La función reguladora está relacionada con la dirección, la intencionalidad de la actuación moral, con la posibilidad de asumir una posición activa e independiente ante determinado reflejo de un contenido moral o valor.

Los diferentes niveles de desarrollo de la autonomía moral que se van alcanzando paulatinamente a lo largo de todo el desarrollo de la personalidad, como niveles de desarrollo de la regulación moral, no ocurren al margen de su función refleja (mediatizada) del contenido objetivo de estos valores. Si bien el individuo construye sus valores, es decir, elabora de forma personalizada los contenidos valorativos, a partir de sus experiencias, necesidades, motivos, etc, estos constituyen un reflejo de los valores más generales aceptados socialmente, aquellos que marcan un ritmo ascendente del desarrollo social y personal, tal como se planteó en el capítulo anterior.

Desde la dialéctica que se produce entre estructura y función, el enfoque histórico-cultural aborda el diagnóstico de los valores y de su desarrollo. Así, el nivel de desarrollo de los valores morales no solo está en dependencia del nivel en que regula el individuo su comportamiento moral, a partir de cómo se integren los diferentes contenidos psicológicos que participan en la regulación, sino de la relación que establece el individuo hacia el contenido objetivo del valor.

Así por ejemplo, este principio nos conduce a analizar el grado de correspondencia entre el juicio o valoración moral y el contenido de los valores que son socialmente significativos, como uno de los parámetros que caracteriza el grado de adecuación de estos juicios, indicador importante del nivel de desarrollo en que se encuentra el valor en un sujeto determinado.

Es en esta dirección que debe estar encaminado el estudio de los valores y sus niveles de desarrollo.

El principio de la relación entre enseñanza y desarrollo y el concepto de Zona de Desarrollo Próximo.

El concepto de Zona de Desarrollo Próximo, deviene elemento central para el diagnóstico del desarrollo psíquico y de la personalidad, así como para el diagnóstico psicopedagógico.

Vigotsky plantea que la enseñanza debe tener en cuenta el desarrollo alcanzado pero no para detenerse en él, sino para conducirlo a niveles superiores. Es en esta doble dimensión que se aborda el diagnóstico del desarrollo desde el enfoque histórico-cultural, desde la dimensión psicológica, como posibilidad o potencialidad de desarrollo (y no como resultado o logro alcanzado), que es lo que permite realmente constatar en sentido prospectivo lo que el hombre es capaz de hacer con ayuda de los otros, en tanto el es un producto de determinadas relaciones sociales. Por otra parte, desde la dimensión pedagógica, nos revela qué debe hacerse para conducir al individuo hacia un nivel superior de desarrollo, abriendo las puertas a la formación y a la autoformación..

El Principio de la unidad de lo interno y lo externo. Para comprender cómo los valores regulan la actuación del sujeto es necesario estudiar su expresión en el plano interno y externo de la actuación, toda vez que ellos conforman una unidad. Es preciso conocer no sólo cuáles son las reflexiones y vivencias del sujeto respecto a sus valores sino también cómo éstos se manifiestan en su comportamiento.

Para ello, en el diagnóstico de los valores deben seleccionarse y elaborarse técnicas que exploren cómo se manifiestan los indicadores de contenido y funcionamiento de los valores en un plano interno a través de cuestionarios, composiciones, completamiento de frases y diálogos y en un plano externo a través de la observación (escalas valorativas, diarios, registros anecdóticos o del análisis del comportamiento del sujeto en situaciones experimentales).

El diagnóstico de los valores y su expresión en uno de los dos planos de actuación resulta incompleto e insuficiente.

Cuando el sujeto logra un nivel superior de desarrollo de sus valores se manifiesta una correspondencia en la expresión de su función reguladora en ambos planos de la actuación, toda vez que el sujeto reflexiona y siente la necesidad de actuar en correspondencia con sus valores y actúa consecuentemente con ellos.

La no correspondencia en la expresión de los valores en ambos planos de la actuación del sujeto revela la existencia de conflictos o de niveles bajos de desarrollo funcional.

En este sentido las investigaciones revelan que cuando se encuentran en vías de desarrollo indicadores funcionales de los valores, tales como la autocrítica y la tendencia al autoperfeccionamiento, éstas se manifiestan primero en el plano interno a través de vivencias de conflictos y de reflexiones que expresan autocrítica y mucho más tarde en conductas conscientes con la autocrítica realizada y en la búsqueda de vías para actuar en correspondencia con los valores asumidos.

Por otra parte la expresión de los indicadores de funcionamiento de los valores en un nivel alto de manifestación funcional en la conducta de un sujeto y su ausencia en un plano interno puede revelar la existencia de valores formales, en tanto la conducta obedece a controles externos y por tanto no constituye una expresión de la autodeterminación del sujeto.

El principio de la unidad de lo teórico y lo metodológico. Este es un principio básico a tener en cuenta en el diagnóstico. Ninguna técnica o recurso metodológico puede ser seleccionado o elaborado al margen de la posición teórica que asuma el autor respecto al fenómeno que estudia. En este caso, las técnicas concebidas para el diagnóstico son elaboradas teniendo en cuenta las posibilidades que ofrecen para la obtención de información acerca de los indicadores de contenido y funcionamiento de los valores que posee el estudiante, y su expresión en el proceso de formación profesional.

Una vez que se halla tenido en cuenta los principios planteado anteriormente para las definiciones conceptuales relativas al fenómeno que se va a diagnosticar, se pasa al segundo momento, el momento operacional. Este es el momento que responde a la interrogante ¿cómo diagnosticar?

Sobre la base de las definiciones conceptuales se establece las definiciones operacionales que guiarán la búsqueda de recursos metodológicos para la exploración del fenómeno objeto de estudio.

Es en este momento, por tanto, que a partir de la definición de los indicadores de los valores seleccionamos o elaboradas las técnicas que permitirán explorar su expresión en ambos planos de la actuación del sujeto, estableciéndose el orden y las condiciones necesarias para la aplicación de las técnicas.

Es preciso destacar que en el estudio de los valores como reguladores de la actuación es necesario diferenciar indicadores de contenido y funcionamiento.

El indicador de contenido se refiere a la definición misma del valor, es decir a su significación social y cómo ésta es reproducida por el sujeto. El indicador de contenido se expresa a través del conocimiento que tiene el sujeto del valor en cuestión.

En el diagnóstico de los valores es necesario determinar en qué medida el sujeto conoce el valor en cuestión, nadie puede regular su actuación por algo que no conoce, en este sentido, por ejemplo, si se pretende formar en el estudiante universitario la solidaridad como valor profesional, en primer lugar el estudiante tiene que conocer qué significa ser solidario.

Como se ha comentado anteriormente, no basta con conocer la significación social de un hecho, es decir, no basta con reproducir el valor en cuestión para que éste regule la actuación del sujeto, para ello es necesario que el valor se convierta en motivo de actuación.

Los indicadores funcionales expresan cómo los valores regulan la actuación del sujeto en el proceso de satisfacción de sus necesidades. Por ejemplo, indicadores funcionales que expresan cómo el valor solidaridad en la formación profesional regula la actuación del estudiante universitario son, entre otros, los siguientes:
• La cooperación con los demás miembros del grupo y la sociedad.
• Sobreponer los intereses colectivos a los intereses individuales.
• Acatar las decisiones del colectivo por encima de las personales.
• La ayuda solidaria al prójimo en cualquier parte del mundo.

Haciendo las conclusiones de éste capítulo, el autor ha comprobado que existen diferentes referentes teóricos que brindan distintas conceptualizaciones acerca de los valores, así como distintas ciencias particulares que en dependencia de su objeto de estudio tienen su propio concepto sobre el valor, sin embargo, todos coinciden que los valores tienen un origen social, que son un producto del medio socio-histórico en que se desenvuelve el sujeto y que los mismo no se forman uno primero y otros después, sino, todos a la vez., sin embargo, se ha tomado en éste trabajo el valor solidaridad, para esto, el docente ha de aplicar todas las orientaciones pedagógicas, didácticas y metodológicas para lograr la formación de un verdadero profesional comprometido con su sociedad por lo que fue necesario aplicar un diagnóstico psicopedagógico para determinar el grado de desarrollo del valor solidaridad en los estudiantes de la SUM ´´Juan Gualberto Gómez´´ para luego formular una propuesta de actividades educativas que desarrollen con más eficiencia éste valor en los estudiantes.

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